Telegenia, la nueva estrategia

Por Javier Esquivel
Dicen que la política es el arte de convencer a extraños de que uno es de fiar. Durante décadas, el ritual para convencer a la gente en México fue analógico y territorial: la toma de plaza, el mitin bajo el sol inclemente, el abrazo apretado al simpatizante y el discurso de garganta encendida desde un presídium elevado.
Sin embargo, en la época contemporánea, la simpatía, el carisma y el poder ya no se construyen en el cemento, sino en los píxeles de una pantalla.
En la contienda por el poder local en México, el territorio ya no se recorre únicamente a pie de calle o en plazas públicas abarrotadas; se conquista, cuadro por cuadro de un video difundido en cualquier pantalla.
La evolución del electorado y la consolidación de un entorno mediático híbrido, donde la televisión tradicional coexiste con las redes sociales, han transformado las reglas de la política.
De cara a los próximos procesos electorales para renovar gubernaturas, el factor determinante para ganar no será solo la estructura del partido ni lo atractivo del plan de gobierno, sino quién sepa comunicar, conectar y convencer mejor con la gente a través de la cámara.
La próxima camada de gobernadoras y gobernadores, alcaldesas y presidentes municipales en el país saldrá de las mesas de negociación partidista a puerta cerrada, y sin duda, de las pantallas de algún aparato inteligente; ganarán quienes dominen la telegenia y la conviertan en su principal activo de gobierno.
Para las élites que aspiran a competir por el poder estatal, la lección es contundente. La telegenia ya no es un lujo estético ni un capricho de los asesores de imagen: es la herramienta central de la estrategia política moderna.
Entendida sin tecnicismos ni adornos académicos, la telegenia no es más que la habilidad de traspasar la lente de una cámara para proyectar confianza, verdad y carácter. Es la capacidad de mirar a un lente de vidrio y lograr que la persona al otro lado de un teléfono celular o un televisor sienta que le están hablando directamente a ella.
En una época saturada de ruido, donde el ciudadano promedio tarda menos de tres segundos en decidir si se queda a ver un video o desliza el pulgar hacia el siguiente contenido, la telegenia es el filtro definitivo.
Frente a plataformas electorales de cien páginas que nadie lee, el gesto, el tono de voz y la soltura ante la pantalla se han convertido en el atajo mental que utiliza la gente para juzgar la capacidad de mando de un líder.
Atrás quedó la idea de que la cámara solo sirve para hacer campaña. Hoy, la telegenia es el escudo de protección diaria de cualquier mandatario estatal o municipal. Gobernar en la era digital exige sostener la aprobación ciudadana hora tras hora, y ahí la pantalla es implacable.
Un gobernador o una alcaldesa que sabe comunicarse ante la lente no necesita intermediarios para explicar una obra o atajar una crisis; habla cara a cara con la ciudadanía, humaniza su gestión y demuestra control.
Este fenómeno lo vemos a diario en los contrastes de la política local. Por un lado, están los estilos frescos y empáticos que transforman la cotidianeidad del gobierno en una conversación cercana y franca, logrando que la acción pública se sienta accesible y humana.
Por otro lado, están los liderazgos que apuestan por la certeza ejecutiva: miradas firmes, tonos pausados y una serenidad visual que transmite orden y capacidad de resolución ante momentos de tensión.
Ambos caminos, aunque distintos en su forma, comparten el mismo fondo: el control absoluto del encuadre y la comprensión de que la soltura no es improvisación, sino técnica calibrada.
En la acera opuesta habitan quienes insisten en comunicarse en tono analógico. Dirigentes y aspirantes que lucen acartonados, que leen discursos interminables con la vista clavada en un papel, o que proyectan un enojo permanente ante la cámara.
Ese lenguaje corporal rígido genera una distancia inmediata con el votante. Quien se ve falso en pantalla, se percibe ineficiente en el escritorio; es una sentencia que la clase política tradicional parece ignorar a su propio riesgo.
En el ecosistema mediatizado, la telegenia opera como el canal visual y auditivo (lenguaje corporal, dominio de la mirada a cámara, modulaciones tonales y microexpresiones) a través del cual el carisma se proyecta y amplifica.
Del set de televisión al formato vertical
El concepto de telegenia ha sufrido una mutación crítica. Ya no se limita al encuadre rígido de los estudios de televisión ni a las entrevistas coordinadas en noticieros estelares. La telegenia moderna es transmedia e inmersiva:
Control de la mirada y microexpresiones: La lente de la cámara actúa como un microscopio emocional. Un parpadeo excesivo, la rigidez en los hombros o la lectura evidente de un teleprompter comunican falsedad instantánea.
Ritmo y lenguaje no verbal: El paso de las transmisiones tradicionales a los Reels y TikToks exige soltura corporal sin perder la solemnidad ejecutiva que demanda el cargo de Gobernador, Gobernadora, alcaldesa o diputado federal.
Naturalidad calculada: La verdadera telegenia de éxito es aquella que oculta la técnica. La percepción de "autenticidad" ante la cámara es, paradójicamente, el resultado de horas de entrenamiento en vocería y manejo de encuadre.
El escudo diario: Cómo la telegenia cuida y sube la aprobación de los gobernadores
La telegenia no solo sirve para ganar una elección; es la mejor herramienta que tienen los gobernadores para mantener alta su aprobación mientras gobiernan. Un mandatario que domina la cámara no necesita esperar a los medios tradicionales para dar noticias: habla directamente con la gente y controla su propia historia.
Saber comunicarse ante la pantalla ayuda a los gobernadores de tres formas concretas:
Humanizar el poder: Muestra al gobernante como una persona común que entiende los problemas diarios de las familias, alejando la imagen del político distante o encerrado en su oficina.
Apagar crisis con rapidez: Frente a un problema grave o una emergencia, un mensaje cara a cara en video, con tono sereno y mirada firme, tranquiliza a la población mucho más rápido que un comunicado de prensa por escrito.
Mantener presencia constante: Estar presente en el día a día de las personas a través de sus teléfonos hace que el gobierno se sienta activo y cercano, lo que sube la calificación ciudadana.
Quien no logre traducir su liderazgo al lenguaje visual de este tiempo, quedará condenado a la invisibilidad política.
Al final del día, en la democracia de pantalla que habitamos, la percepción no es solo el mensaje: el encuadre es el poder.
La telegenia en la política mexicana dejó de ser un simple atributo estético para convertirse en una dimensión estratégica del liderazgo político.
La capacidad de un actor político para transmitir cercanía, control y autenticidad a través de una pantalla se transformó en un activo electoral determinante.


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