• Javier Esquivel

Hartazgo y humor social


Medir el humor social hoy más que nunca es un ejercicio de suma importancia. Conocer el estado de ánimo de la mayoría de la gente refleja episodios de la realidad y nos muestra la percepción ciudadana y el sentir de las cosas en la vida pública.


A pesar de que esta medición es el indicador preciso para saber comunicar con emociones parece que no se le da el valor necesario para modificar lo que es necesario cambiar y apuntalar aquello que lo amerita y resulta útil.


Los tomadores de decisiones del ámbito político, electoral y empresarial parecieran juegan a ser autistas antes el hartazgo de la gente en muchos sentidos:

Hoy existen suficientes razones que generan el hartazgo en los círculos personales y profesionales de las personas en las ciudades, en los estados y en el país:


La gente está saturada de las faltas de respeto de las compañías y de los vendedores que llaman interminablemente por teléfono para ofrecer servicios invadiendo cualquier privacidad y confidencialidad de nuestros datos.


Fastidiados de los correos maliciosos, de las amenazas digitales, del robo de números telefónicos y sus aplicaciones, de los deficientes servicios digitales en su funcionamiento, pero prestos y ágiles para cobrar.


Se está harto de sentir la percepción de inseguridad al viajar fuera de las rutas conocidas, de dejar el automóvil al garete a pesar de que se paga por su vigilancia.


Impregnados de noticias de actos delictivos, de corrupción y de intercambio de discursos llenos de culpas municipales y gubernamentales, los consumidores de medios acuden agotados mentalmente a su cita con sus horas de descanso.


Se está fastidiado de la gente que no responde las llamadas, ni mensajes sin propósito o razón de enfado, de las personas groseras que no cumplen con lo prometido, de las que desatienden y olvidan lo ofrecido y que incumplen con el pago que corresponde por la prestación de un servicio.


La progresiva pérdida de contacto con la realidad exterior omite advertir de que se está harto de las promesas de los partidos políticos y de sus estridencias. De que su actuación en redes y medios de comunicación obedezca más a un interés de grupo y personal que a un fin social.

El hartazgo social se incrementa al saber que no para una pandemia, que los precios de la canasta básica van al alza y que los precios de la gasolina y el gas corren verticalmente en escalada.


Aun así, los tomadores finales de decisiones guiados por la improvisación y ocurrencia se permiten el derecho de ejercer su voluntad, pese recomendaciones de no hacerlo, de publicitar otra realidad.


Las tácticas de mercadotecnia comercial y de marketing político por más que intenten dibujar una sociedad contentan y feliz serán inocuas e ineficaces ante la realidad: la gente está harta y cansada de no avanzar.


Saber interpretar un estado de ánimo, leer e interpretar encuestas y datos duros de que la población está harta de tantas cosas que nos afectan como sociedad no es sencilla cosa cuando todo lo que se busca es publicitar ese rostro, esa cara y esos gestos coloreados de ambición.

¿Y si realmente estamos hartos, pero de ellas y ellos los malos políticos que solo buscan el ganar por el ganar?


La gente sabe la realidad que vive día a día, una realidad que no se puede manipular porque la gente de hoy ya no se deja engañar.



@javoesquivel

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